Alguien dejó la playa llena de basura: botellas, bolsas, una chancla vieja y hasta un flotador pinchado. Junta cada pieza con la red y llevala al cesto naranja, con cuidado de no molestar al cangrejo, la gaviota ni el castillo de arena. Cuando la arena quede limpia, la playa vuelve a brillar bajo el sol.
Puedes jugar en dos niveles: Fácil, con poca basura y bien grande, y un cesto que ayuda a encestar, pensado para los más pequeños de 2 a 4 años; y Difícil, con más basura para niños de 5 a 8. En cada partida la basura aparece en lugares distintos, así que se puede volver a jugar una y otra vez.
Botellas, latas, bolsas, vasos, una chancla perdida y un flotador pinchado, entre otras cosas. En cada partida aparece una mezcla distinta y en lugares nuevos de la arena.
El cangrejo, la gaviota, la caracola, la pelota, el castillo de arena y la palmera: ellos son parte de la playa. Si los tocas con la red se sacuden y te avisan que ahí se quedan.
Porque el viento y las olas la llevan al mar, donde puede lastimar a los peces y las tortugas. El juego enseña ese cuidado: la basura va al cesto, y la playa limpia es más linda para todos.