Después de un día de picnic, la plaza quedó llena de basura: cajitas de jugo, envoltorios de golosinas, bolsas y papeles. Agarrá cada pieza con la red y llevala al cesto, sin molestar al perro, la paloma ni la mariposa. Es el escenario más parecido a la vida real: lo que tu hijo aprende aquí lo puede hacer en la plaza de tu barrio.
Puedes jugar en dos niveles: Fácil, con poca basura y bien grande, y un cesto que ayuda a encestar, pensado para los más pequeños de 2 a 4 años; y Difícil, con más basura para niños de 5 a 8. En cada partida la basura aparece en lugares distintos, así que se puede volver a jugar una y otra vez.
Basura de merienda y picnic: cajitas de jugo, envoltorios de golosinas, botellas, latas, vasos, papeles y hasta una cáscara de banana. Cada partida la reparte en lugares distintos de la plaza.
El perro, la paloma y la mariposa viven ahí, y el árbol, el banco, el tobogán y las flores son parte de la plaza. Si los tocas con la red se sacuden y te avisan que no son basura.
Porque es el más cercano a la vida diaria de los chicos: una plaza como la de su barrio. Después de jugarlo, tirar el envoltorio al cesto en la plaza de verdad sale naturalmente — esa transferencia es el objetivo del juego.